El bienestar de las y los profesores es uno de los principales desafíos del sistema educativo chileno. El estudio “Mejorando la protección y el bienestar en las escuelas”, impulsado por Fundación SM y el Centro “Estudios Saberes Docentes de la Universidad de Chile, advierte que el 4,1% del profesorado nacional deja la profesión por desgaste acumulado, sobrecarga laboral, burocracia y falta de apoyo institucional. Conversamos con Rafael Gómez, director de Fundación SM, sobre las claves para fortalecer el bienestar docente desde lo colectivo.
El estudio “Mejorando la protección y el bienestar en las escuelas”, impulsado por Fundación SM y el Centro “Estudios Saberes Docentes de la Universidad de Chile, identifica que el factor institucional es determinante para la retención de talentos. El tipo de liderazgo que ejercen los equipos directivos puede definir si un docente permanece en su puesto o abandona la profesión. La investigación es enfática al señalar que estar bien en el trabajo no puede depender solo del esfuerzo personal del profesor, sino de la capacidad sistémica y de sus líderes para construir lo que Fundación SM denomina "Escuelas que Cuidan". Este concepto busca el reconocimiento del docente y entiende la educación como una relación humana, donde el apoyo institucional es clave.
Un equipo directivo que escucha, que valida las dificultades del aula y que promueve la colaboración entre pares, aparece como el principal protector contra el estrés. Por el contrario, el malestar se dispara en establecimientos donde predomina una gestión centrada exclusivamente en metas administrativas y resultados en pruebas estandarizadas. Esta presión burocrática, sumada a liderazgos distantes, es lo que termina por quebrar el compromiso del profesorado.
Para profundizar en esta temática, conversamos con Rafael Gómez, director de Fundación SM, quien enfatiza en el carácter urgente de garantizar condiciones de bienestar para las y los docentes.
- ¿En qué consiste el concepto de “Escuelas que Cuidan”?
Educar es, ante todo, un acto profundamente humano y desde ahí parte esta conceptualización de Escuelas que Cuidan, que tiene tres ejes fundamentales: uno, la ética del cuidado; dos, el sistema relacional que es gravitante, y tres, lo que se relaciona con desarrollo, saberes, competencias y aprendizaje.
- ¿Cómo se entiende la ética del cuidado?
La ética del cuidado es el propósito que orienta las decisiones, tiene que ver con cuidarse uno mismo, pero también con cuidar a los demás y cuidar su entorno. La ética del cuidado sitúa al cuidado en el centro de la educación, nos entiende primero como personas vulnerables y también interdependientes y codependientes. Y desde ahí, no solamente el objetivo es proteger, sino que crear condiciones para que todas las personas puedan aprender y desarrollarse.
- Mencionaste como segundo eje el ámbito relacional…
Este apunta a la construcción de vínculos, que sostiene la comunidad educativa y hace posible el aprendizaje. En ese sentido, una escuela también es relacional y construye una cultura de confianza, respeto y reconocimiento. Y eso precisamente, tiene que ver con la relación entre docente y alumno, que es el núcleo del acto educativo y se declaró en un encuentro de la Unesco como patrimonio de la humanidad. Por último, el eje de desarrollo, saberes, competencias y aprendizaje, se trata de formar personas capaces de comprender, convivir y transformar el mundo con responsabilidad y sentido del bien común.
- El liderazgo directivo aparece como uno de los factores más determinantes del bienestar docente. ¿Qué distingue a un director o directora capaz de retener a su equipo docente y promover el bienestar?
Sí, el liderazgo directivo es una de las de las variables o condiciones más significativas, aunque no la única. Insisto, esto es un tema multifactorial, pero efectivamente, en términos de las categorías de análisis que nosotros pudimos identificar, es precisamente una de las más relevantes, pero es un arma de doble filo, porque pueden propiciar el bienestar o potenciar el malestar. ¿Cuáles son aquellas formas en que se expresan estos liderazgos que promueven el bienestar? Son liderazgos cercanos, de reconocimiento profesional que establecen tiempos protegidos para la reflexión, que promueven espacios adecuados que permiten relacionarse (como la sala de profesores). Además, se ocupan del cuidado de las relaciones respetuosas y la preocupación constante de generar protagonismo de los docentes. Generan participación docente no solamente en el aula, sino que también promueven que los docentes puedan incidir en las decisiones del establecimiento. Y al revés, cuando esto no ocurre, se instala una cultura de abandono institucional.
- ¿Cómo podría abordarse este desafío desde la política educativa para garantizar que el bienestar docente sea equitativo en todos los establecimientos del país?
Hay algunas acciones que se pueden hacer, que tienen que ver con la reposición del bienestar como política educativa. Y en ese sentido, yo diría que sería relevante incorporar un indicador de bienestar docente dentro de todos los indicadores que hoy día miden la calidad educativa.
Chile tiene muchos sistemas de evaluación, sin embargo, en este ámbito cobra mucha relevancia incorporar el bienestar docente como un indicador que se pueda medir periódicamente, considerando el bienestar como una condición para los aprendizajes.
Además, se podrían incorporar acciones en la evaluación docente que den cuenta de un enfoque de cuidado. Incluso en el currículum, se podrían integrar principios de mayor flexibilidad (los hay, pero podrían volverse más explícitos), para dar agencia docente y protagonismo profesional, es decir, capacidad de decisión a los profesores para que puedan plantear adecuaciones o flexibilidad.
- ¿Es importante darle sentido de urgencia al bienestar docente?
Sí, absolutamente. Esto tiene que ver con un cambio de paradigma, se debe reforzar que el bienestar docente para nada es un atributo individual, sino que es una experiencia relacional, institucional y contextual, que tiene que ver mucho con la cultura. Tenemos que comprender que no es que el profesor maneje el estrés solo, sino que el sistema y los establecimientos deben generan las condiciones para poder cuidar a quienes cuidan, que son los docentes.