Traer el mundo real a la sala de clases

Las preguntas que deben hacerse los profesores son: ¿qué situación del mundo real pone en juego los saberes de mi asignatura? y ¿cómo derivar de esa situación real una situación de aprendizaje?

Las formas de llevar la realidad a la sala de clases son muchas. Y la clave es plantear a los jóvenes desafíos que los motiven, que los involucren emocionalmente.

Niños y jóvenes están en su salsa cuando juegan o cuando representan el mundo de los adultos. Según los psicólogos, ellos lo hacen como un modo de entender los distintos aspectos de la realidad. Tienen la necesidad de hacerlo y lo disfrutan. De ahí el éxito de las metodologías de aprendizaje en que los estudiantes se introducen en el mundo real y cumplen roles con un objetivo: crear algo o solucionar un problema.

El desafío para los profesores es transformar ciertas situaciones reales, que interesan o entusiasman a los jóvenes, en situaciones para el aprendizaje o, mejor dicho, en experiencias de aprendizaje. Un antiguo proverbio chino dice: “Dígame y olvido; muéstreme y recuerdo; involúcreme y comprendo”. La estrategia de llevar la clase al mundo real se ha transformado en un gran aliado de la educación del siglo XXI.

Las situaciones reales dan la oportunidad de relacionarse con otros, de resolver problemas en conjunto, negociando y echando mano de las habilidades comunicacionales. Cristóbal Cobo, investigador en educación, explica que hoy en día saber usar la tecnología no es suficiente y que las habilidades que requiere el nuevo siglo tiene mucho que ver con la relación con otros:

“Antes, hacíamos que los niños construyeran blogs; ahora queremos que ellos se contacten con alumnos de otras escuelas para que busquen en conjunto soluciones a los problemas de su comunidad”. Por ejemplo, que hagan una campaña para controlar el problema del bullying o que se organicen para hacer un festival artístico.

Las preguntas que deben hacerse los profesores son: ¿qué situación del mundo real pone en juego los saberes de mi asignatura? y ¿cómo derivar de esa situación real una situación de aprendizaje?

A la luz de esas preguntas, se han creado diversas de metodologías. Por ejemplo, en Aprendizaje Expedicionario, los alumnos se embarcan en un proyecto de investigación de un asunto relevante de la localidad donde viven. Salen a terreno a tomar datos, hacen preguntas y entrevistas; se reúnen con expertos. Y después desarrollan un producto o una obra artística que da a conocer a la comunidad el resultado de su trabajo. En muchos casos, el objetivo del proyecto es lograr alguna transformación en su entorno, como el cambio de hábitos en relación al manejo de la basura o la creación y mantención de áreas verdes. De esta forma, los estudiantes se vuelven miembros activos de su comunidad y viven experiencias que no olvidarán fácilmente.

Las formas de llevar la realidad a la sala de clases son muchas. Y la clave es plantear a los jóvenes desafíos que los motiven, que los involucren emocionalmente.

Por ejemplo, si se les propone la organización de un campeonato deportivo, deberán aplicar sus conocimientos matemáticos en la distribución de los puntos y de los premios, además de aplicar el trabajo colaborativo y ejercer habilidades sociales y comunicacionales. Lo mismo si se les propone organizar una gira de estudios: deberán estudiar las distintas ofertas, hacer un presupuesto, organizar los gastos y, además, podrán introducirse en la geografía y en la historia local al investigar qué lugares merece la pena visitar en su viaje.

Otra buena manera de conectarse con el mundo real es invitar a expertos o profesionales que hagan uso de los conocimientos de las distintas asignaturas. En diálogo con ellos, los estudiantes podrán darse cuenta de cómo un error en los cálculos matemáticos puede hacer que una construcción se venga abajo o de cómo un error de redacción o de gramática puede hacer que alguien pierda su trabajo. Estos profesionales invitados también pueden contribuir a evaluar los proyectos de los alumnos en las distintas áreas, desde una mirada distinta a la del contexto escolar.

Para los estudiantes, dar a conocer el resultado de su trabajo a la comunidad, más allá del colegio, es un aliciente que los acerca al ‘mundo real’, que los hace sentirse ciudadanos con una responsabilidad personal y social, y que les permite ejercer habilidades comunicacionales que los empoderarán para experiencias futuras.

Tipos de 'problemas reales'

En el Aprendizaje Basado en Proyectos, el tipo de pregunta o de problema a resolver no puede ser cualquiera. Debe ser algo que realmente involucre a los alumnos, algo que les importe.

Además, la autenticidad del problema aumenta la motivación y el grado de aprendizaje de los estudiantes. Un proyecto puede ser auténtico de varias maneras:

- Puede tener un contexto real, como cuando los estudiantes salen a resolver un problema fuera de la escuela. Por ejemplo, la acumulación de basura en el barrio o la mantención de áreas verdes cercanas a la escuela.
- Puede implicar el uso de procesos o herramientas del mundo real, como cuando planean una investigación experimental o cuando utilizan un software de edición digital para producir videos.
- Puede tener un impacto real en otros, por ejemplo, al abordar un proyecto de ayuda a la integración de los inmigrantes que llegan a la comunidad local.
- Y puede tener autenticidad personal, si el proyecto aborda las propias inquietudes, intereses y problemas de las vidas de los estudiantes. Por ejemplo, al montar una obra de teatro que refleje sus conflictos personales o al organizar un festival de música en el que puedan mostrar sus aptitudes artísticas.

Solución a un problema real

La escuela básica G33 de Talhuán, Región del Biobío, acaba de vivir una experiencia exitosa de Aprendizaje Basado en Proyectos. Todo partió cuando su directora, Lilian Muñoz, y su jefa de UTP, vinieron a Santiago para participar en el encuentro Red-Lab Sur. Quedaron muy motivadas con las metodologías que conocieron y, al volver a la escuela, le dieron a conocer lo aprendido a todo el cuerpo de profesores. Primero hicieron un taller de trabajo colaborativo entre los docentes con la metodología aprendida en el encuentro. Tras ese paso, ya estaban listos para emprender el siguiente: dar solución a un problema real a través del Aprendizaje Basado en Proyectos.
El problema era muy concreto: la basura se acumulaba en la escuela porque el camión recolector no llegaba hasta ahí debido a su lejanía (el establecimiento queda a 45 minutos, en auto, de la localidad de Ninhue). Y se plantearon: ¿vinculamos las asignaturas para dar solución a este problema? Todos se embarcaron el proyecto, centrados en el currriculum de séptimo básico.
A través de la asignatura de Tecnología, los alumnos aprendieron a reciclar, reutilizar y reasignar la basura. En la asignatura de Historia, los niños investigaron las políticas públicas para la protección del medio ambiente. En Ciencias Naturales, estudiaron los ciclos del carbono y del nitrógeno y su importancia para los seres vivos y desde ahí reflexionaron sobre cómo a partir de la materia orgánica se forma el compost. En Lenguaje, confeccionaron trípticos y folletos sobre la contaminación y cómo evitarla.
Tras este proceso, la comunidad de la Escuela de Talhuán se sintió satisfecha: no sólo habían trabajo los contenidos de cuatro asignaturas. También habían solucionado un problema muy concreto. Y lo habían hecho de forma creativa e innovadora. Puedes conocer más de esta experiencia en el siguiente video.